martes 24 de agosto de 2010

El SIDA 28 años después: una lucha constante contra los prejuicios y la ignorancia

Más de 25 millones de personas han muerto desde 1981

El SIDA 28 años después: una lucha constante contra los prejuicios y la ignorancia

El pasado 1o de diciembre se celebró en nuestro país y en todo el planeta, el Día Internacional de la Lucha contra el Sida. Desde 1988, la Organización Mundial de la Salud establece la conmemoración porque ese mismo día, en 1981, fue diagnosticado el primer caso documentado de la enfermedad. Según cifras de ONUSIDA, en la actualidad hay alrededor de 33 millones de personas que viven con VIH. Sólo en el año 2008, se han infectado alrededor de 3 millones de personas.

La aparición de la enfermedad

Mucho ha cambiado desde que el 5 de junio de 1981 el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC, según sus siglas en inglés) de Estados Unidos, publicara en su boletín llamado Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR), un reporte epidemiológico titulado secamente, “Pneumocystis Pneumonia”, en el que se describía la aparición de la neumonía Pneumocystis carinii en cinco jóvenes homosexuales (dos ya habían fallecido) de la ciudad de Los Ángeles. En agosto, el boletín del CDC ya registraba 26 nuevos casos de una forma muy rara de cáncer de la piel, Sarcoma de Kaposi y 15 casos de neumonía Pneumocystis carinii en jóvenes homosexuales. En un inició se pensó que la enfermedad afectaba sólo a los homosexuales y se le denominó –con todos los prejuicios del caso- el “cáncer gay”. En menos de un año, la enfermedad se propagó vertiginosamente y empezaron a aparecer casos entre los hemofílicos, drogadictos intravenosos, personas que habían tenido una transfusión de sangre, inmigrantes haitianos, hombres y mujeres heterosexuales.

El virus surgió al inicio de uno de los períodos más conservadores de la historia contemporánea estadounidense, el gobierno de Ronald Reagan (1981-1989). Esta atmósfera política provocó, de alguna manera, que en un principio el gobierno no impulsara ni financiara investigaciones científicas para tratar de aislar el virus y determinar cómo se trasmitía, así mismo, fueron casi inexistentes las medidas para controlar la expansión de esta desconocida enfermedad. Tuvieron que pasar cuatro años para que Reagan mencionara la palabra SIDA en público y seis años para que declarara la enfermedad como el enemigo número uno de la salud pública. Para ese entonces, ya había más de 4.135 muertos sólo en los Estados Unidos. Quizá, este cambio de política se debía a que los afectados no eran únicamente los homosexuales, sino personas provenientes de diversos sectores de la sociedad: en otras palabras, también estaba afectando a los heterosexuales.

Desde la aparición de la enfermedad, se manejaron diversas hipótesis sobre su origen, se afirmaba que era producto del uso excesivo de drogas (poppers), o que era una enfermedad infecciosa, entre tantas otras causas. Mientras circulaban estas teorías, se siguió estigmatizando a los enfermos, se siguió expandiendo la enfermedad y no se tomaron medidas preventivas eficaces.

Una historia llena de ignorancia, prejuicios y engaños

El descubrimiento del virus no estuvo exento de polémica y de conductas éticas cuestionables, ligadas a la carrera por la adquisición de las patentes. En 1983, el retrovirus fue aislado (lo llamaron LAV) por los científicos franceses, Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier del Instituto Pasteur. El investigador estadounidense Robert Gallo, pidió muestras a los franceses del virus aislado y en un movimiento que no puede ser tildado menos que de deshonesto, publicó que su laboratorio había logrado aislar un retrovirus (HTLV-III) que causaba el SIDA.

Las estrategias de información y difusión que informaban acerca de cómo se transmitía la enfermedad, no lograban disipar el desconocimiento y los fuertes prejuicios en contra de los homosexuales, transgéneros, transexuales, haitianos y los propios seropositivos (VIH+). Los que adquirieron la enfermedad fueron estigmatizados por la sociedad, eran despreciados por su comunidad, abandonados por sus familias y sus casas quemadas. Existieron muchos casos de niños seropositivos a los que se les prohibió entrar en la escuela o utilizar las instalaciones deportivas.

Sólo la historia del adolescente Ryan White, quien fue expulsado de su escuela por ser VIH positivo, logró conmover a gran parte de la población estadounidense. Ryan era hemofílico y se infectó con VIH debido a un tratamiento con Factor VIII contaminado. Nadie en la escuela quería acercársele, le escribían cosas terribles en su casillero y le gritaban insultos en la calle. Estas injusticias hicieron que Rayn se convirtiera en un activista, empezó, acompañado de su madre, una larga lucha legal y en los medios de comunicación para obtener el derecho de regresar a la escuela y no ser discrimando.

Tuvieron que pasar casi diez años para que en 1990, año en que muere White, otro presidente republicano, George H. W. Bush, firmara la Ley de Norteamericanos con Discapacidades (ADA), para impedir la discriminación y para permitirle a los seropositivos participar plenamente en todas las áreas de la sociedad.

Ryan White y su mamá en la cocina de su casa en Indiana en febrero de 1990, Ryan murió dos meses después.

Situación actual

Esta enfermedad oficialmente se inició en Estados Unidos en la década de los ochenta. Veintiocho años después, el mayor número de personas viviendo con VIH se encuentra en el África subsahariana (alrededor de 22 millones). Esta enfermedad –como cualquier otra- no distingue clases, etnias, ideologías, orientación sexual, distancias ni barreras geográficas.

Actualmente, se experimenta el fenómeno de la feminización de la enfermedad. En la 12ª Conferencia Europea sobre Sida se informó que 17 de los 33 millones de personas infectadas son mujeres. Una muestra de los efectos palpables de prácticas y conductas propias de una sociedad definida por el dominio masculino, en donde no sólo se justifica y se promueve la constante búsqueda de sexo fuera de la pareja, sino que se asumen posturas hipócritas con respecto a las prácticas sexuales entre hombres.

Tarea pendiente

En nuestro país no existen estadísticas oficiales sobre la enfermedad, pero según ONUSIDA Venezuela, se estiman que 110 mil personas viven con VIH, de este total, 23.0000 son mujeres heterosexuales, según Diana Irazábal de la Red Mujeres en Positivo. Es muy importante que el Ministerio del Poder Popular para la Salud tenga un Programa Nacional del Sida, pero todavía hay mucho por hacer: debe llevar adelante estudios sistemáticos, debe difundir estadísticas oficiales para poder evaluar el estado actual de la expansión de la enfermedad, debe establecer programas más eficientes de prevención, garantizar la existencia permanente de los medicamentos, educar y sensibilizar de manera más consecuente a todos los funcionarios y funcionarias que trabajan directa o indirectamente con los seropositivos, para que no sean objeto de maltrato y discriminación. Muchas son las iniciativas que deben ser afrontadas de manera más agresiva y audaz por el Estado venezolano. En especial, la formulación de una verdadera política de educación sexual, deslastrada de prejuicios y de la influencia de la iglesia católica.

Marianela Tovar Núñez /tmarianela@yahoo.com

(publicado en diciembre de 2009)


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