Mucho se ha hablado sobre la invisibilidad de las lesbianas en los medios de comunicación de masas. En lo que respecta a Estados Unidos, que en la actualidad tiene la industria cultural de masas más influyente del mundo, su presencia ha sido muy esporádica o insignificante. Una excepción muy significativa es la industria pornográfica, que produce películas, videos y revistas en donde se presentan imágenes y escenas de sexo entre mujeres manufacturadas para estimular las fantasías de los hombres heterosexuales.
La gran cantidad de películas que abordan las relaciones entre lesbianas son difundidas dentro de los Festivales de Cine Gay o Lesbiano, pero son ignoradas por las grandes compañías distribuidoras de películas, aunque hay excepciones que confirman la regla. En lo que respecta a la televisión por cable, hasta hace poco no parecían existir series protagonizadas por lesbianas que pudieran tener algún éxito (las dos protagonizadas por Ellen Degeneres fracasaron supuestamente por baja audiencia). Incluso, cuando aparecían personajes de lesbianas en una serie, éstas formaban parte de historias secundarias, como en el caso de ER, Mad about you, Buffy la Caza Vampiros y The O.C.
Todo esto parecía que iba a cambiar radicalmente, cuando en enero del año pasado, Showtime, el conocido canal por cable de Estados Unidos, estrenó la serie dramática llamada The L World, que trata sobre la vida de una pareja de lesbianas y su grupo de amigas. La historia empieza cuando una joven recién graduada de la universidad (Mia Kirshner), llega a la ciudad de Los Ángeles para vivir con su novio, quien es vecino de una pareja de lesbianas (Jennifer Beals[1] y Laurel Holloman). No pasa mucho tiempo sin que la recién llegada comience a "cuestionar" su sexualidad e inicie un romance con la dueña del café donde se reúnen este grupo de amigas, desatando así el primer conflicto dramático de la historia.
Las protagonistas de esta serie son todas, sin excepción, mujeres hermosas, femeninas, peinadas a la moda y vestidas con trajes de diseñador. El único personaje que se sale un poco de este patrón es el de Shane (Katherine Moennig), que más bien parece una rockera ligeramente andrógena. Obviamente, no es este el tipo de lesbianas que se encuentran normalmente caminando en las calles de Caracas, Nueva York o Los Ángeles, las de esta serie son de vitrina.
Este grupo de amigas (que incluye a una bisexual y una heterosexual), no parece estar al tanto de los problemas que afronta actualmente la sociedad norteamericana, ellas están cómodas en su mundo postpolítico y cerrado de West Hollywood. Los únicos episodios en los que se toca un tema de carácter político son aquellos en donde la protagonista, que es directora de un museo, se enfrenta a grupos conservadores que protestan contra un montaje de obras provocadoras.
Es imposible no comparar esta serie con Queer as Folk, que está elaborada en torno a las historias de un grupo de homosexuales (las lesbianas aquí también son caracteres secundarios) que viven en Pittsburg. Esta serie tiene un público cautivo, aunque, según algunos comentaristas y críticos de televisión, no ha logrado atraer el interés de los hombres heterosexuales, debido, supuestamente, a las fuertes escenas de sexo entre hombres.
Puede parecer positivo que haya aparecido en la televisión (aunque sea por cable) una serie exitosa donde las lesbianas no se limiten a realizar papeles de relleno y sean las verdaderas protagonistas de la trama. Lamentablemente, este protagonismo está marcado por la estrategia que decidieron adoptar sus productores, quienes configuraron los personajes y elaboraron la mayoría de las escenas –sobre todo aquellas donde hay relaciones sexuales– con la intención expresa de atraer el mercado masculino heterosexual. Esta afirmación no es producto de la paranoia ni es un secreto que merezca ser guardado, de hecho, Gary Levine un ejecutivo de Showtime, lo dijo sin anestesia: "Lesbian sex, girl on girl, is a whole cottage industry for heterosexual men."(2)
Curiosamente, esta caracterización sexista y androcéntrica de la sexualidad lésbica no ha sido cuestionada por los representantes de las organizaciones GLBT más prominentes de los Estados Unidos, más bien ha sido defendida por algunos de ellos, como Scott Seomin, quien irónicamente es el director de Medios de Entretenimiento de la Alianza de Gays y Lesbianas contra la Difamación (Gay and Lesbian Alliance Against Defamation). Scott dice, palabras más palabras menos, que si con esta serie se logra empujar al hombre heterosexual para que quede enganchado en el factor titilante, éste va a aprender sobre las vidas de las lesbianas; de todas maneras, ellos van a sexualizar la vida de las lesbianas, así que debemos aprovechar para educarlos mientras lo hacen. En otras, palabras, eduquemos a los hombres heterosexuales mientras éstos se masturban.
Es lamentable que una serie dramática protagonizada mayormente por personajes que caracterizan a lesbianas, haya sido concebida para el entretenimiento exclusivo del público masculino heterosexual y no para todo tipo de público. No se trata, entonces, de representar, aunque sea de manera idealizada, la vida, conflictos y preocupaciones de un grupo de lesbianas, se trata de convertir, una vez más, a las mujeres en un objeto sexual expuesto para satisfacer los deseos y fantasías voyeristas del hombre heterosexual.
No es la primera vez que las poderosas empresas de entretenimiento usan a las lesbianas o situaciones de seudo lesbianismo como arma para escandalizar y subir la popularidad de una actriz y para lanzar un producto. Como ejemplo, tenemos el beso de Madonna con Britney Spears en los premios MTV, acto dirigido a la audiencia masculina y con una calculada finalidad publicitaria.
Muchos dirán que una serie de televisión no tiene que ser real, ni representar a lesbianas, que ya se sabe que los productores de televisión son capaces de vender a su madre para obtener buenos números en el rating, pero, ¿debemos aceptar que sean ofensivos?, ¿se debe aceptar esta representación artificial y estereotipada de las mujeres y distorsionada de las lesbianas?, ¿éste es el precio que se tiene que pagar para salir de la invisibilidad?, ¿ésta es la manera de educar al público sobre los problemas reales que enfrentan las lesbianas?
Lo peor de todo es que el estereotipo de mujer presentado en esta serie, no se corresponde con el estereotipo que en general se tiene de las lesbianas. ¿Dónde están las marimachas? ¿Las camioneras? ¿Las fuertes? Son doblemente invisibles (si esto es posible), no tienen cabida en esta serie y la razón no se debe a que no encajan en el patrón dominante de feminidad, sino a que no pueden ser sexualizadas por los hombres heterosexuales.
No creo que se deba aceptar ningún producto que represente de manera unidimensional, estereotipada y mecánica a ningún tipo de mujer. Tampoco debemos aceptar que se nos siga encasillando dentro de los roles de género dominantes.
Si salir de la invisibilidad implica pasar por un proceso que convierta a las mujeres heterosexuales, bisexuales y lesbianas en bienes de consumo, es preferible que los grandes medios de comunicación nos sigan ignorando. Ya nos encargaremos nosotras de que nos vean.
1. A quien vimos en la película Flashdance
2. Citado por Winnie McCoy en su reseña de la serie que apareció en el New York Blade (31-10-2003)
La gran cantidad de películas que abordan las relaciones entre lesbianas son difundidas dentro de los Festivales de Cine Gay o Lesbiano, pero son ignoradas por las grandes compañías distribuidoras de películas, aunque hay excepciones que confirman la regla. En lo que respecta a la televisión por cable, hasta hace poco no parecían existir series protagonizadas por lesbianas que pudieran tener algún éxito (las dos protagonizadas por Ellen Degeneres fracasaron supuestamente por baja audiencia). Incluso, cuando aparecían personajes de lesbianas en una serie, éstas formaban parte de historias secundarias, como en el caso de ER, Mad about you, Buffy la Caza Vampiros y The O.C.
Todo esto parecía que iba a cambiar radicalmente, cuando en enero del año pasado, Showtime, el conocido canal por cable de Estados Unidos, estrenó la serie dramática llamada The L World, que trata sobre la vida de una pareja de lesbianas y su grupo de amigas. La historia empieza cuando una joven recién graduada de la universidad (Mia Kirshner), llega a la ciudad de Los Ángeles para vivir con su novio, quien es vecino de una pareja de lesbianas (Jennifer Beals[1] y Laurel Holloman). No pasa mucho tiempo sin que la recién llegada comience a "cuestionar" su sexualidad e inicie un romance con la dueña del café donde se reúnen este grupo de amigas, desatando así el primer conflicto dramático de la historia.
Las protagonistas de esta serie son todas, sin excepción, mujeres hermosas, femeninas, peinadas a la moda y vestidas con trajes de diseñador. El único personaje que se sale un poco de este patrón es el de Shane (Katherine Moennig), que más bien parece una rockera ligeramente andrógena. Obviamente, no es este el tipo de lesbianas que se encuentran normalmente caminando en las calles de Caracas, Nueva York o Los Ángeles, las de esta serie son de vitrina.
Este grupo de amigas (que incluye a una bisexual y una heterosexual), no parece estar al tanto de los problemas que afronta actualmente la sociedad norteamericana, ellas están cómodas en su mundo postpolítico y cerrado de West Hollywood. Los únicos episodios en los que se toca un tema de carácter político son aquellos en donde la protagonista, que es directora de un museo, se enfrenta a grupos conservadores que protestan contra un montaje de obras provocadoras.
Es imposible no comparar esta serie con Queer as Folk, que está elaborada en torno a las historias de un grupo de homosexuales (las lesbianas aquí también son caracteres secundarios) que viven en Pittsburg. Esta serie tiene un público cautivo, aunque, según algunos comentaristas y críticos de televisión, no ha logrado atraer el interés de los hombres heterosexuales, debido, supuestamente, a las fuertes escenas de sexo entre hombres.
Puede parecer positivo que haya aparecido en la televisión (aunque sea por cable) una serie exitosa donde las lesbianas no se limiten a realizar papeles de relleno y sean las verdaderas protagonistas de la trama. Lamentablemente, este protagonismo está marcado por la estrategia que decidieron adoptar sus productores, quienes configuraron los personajes y elaboraron la mayoría de las escenas –sobre todo aquellas donde hay relaciones sexuales– con la intención expresa de atraer el mercado masculino heterosexual. Esta afirmación no es producto de la paranoia ni es un secreto que merezca ser guardado, de hecho, Gary Levine un ejecutivo de Showtime, lo dijo sin anestesia: "Lesbian sex, girl on girl, is a whole cottage industry for heterosexual men."(2)
Curiosamente, esta caracterización sexista y androcéntrica de la sexualidad lésbica no ha sido cuestionada por los representantes de las organizaciones GLBT más prominentes de los Estados Unidos, más bien ha sido defendida por algunos de ellos, como Scott Seomin, quien irónicamente es el director de Medios de Entretenimiento de la Alianza de Gays y Lesbianas contra la Difamación (Gay and Lesbian Alliance Against Defamation). Scott dice, palabras más palabras menos, que si con esta serie se logra empujar al hombre heterosexual para que quede enganchado en el factor titilante, éste va a aprender sobre las vidas de las lesbianas; de todas maneras, ellos van a sexualizar la vida de las lesbianas, así que debemos aprovechar para educarlos mientras lo hacen. En otras, palabras, eduquemos a los hombres heterosexuales mientras éstos se masturban.
Es lamentable que una serie dramática protagonizada mayormente por personajes que caracterizan a lesbianas, haya sido concebida para el entretenimiento exclusivo del público masculino heterosexual y no para todo tipo de público. No se trata, entonces, de representar, aunque sea de manera idealizada, la vida, conflictos y preocupaciones de un grupo de lesbianas, se trata de convertir, una vez más, a las mujeres en un objeto sexual expuesto para satisfacer los deseos y fantasías voyeristas del hombre heterosexual.
No es la primera vez que las poderosas empresas de entretenimiento usan a las lesbianas o situaciones de seudo lesbianismo como arma para escandalizar y subir la popularidad de una actriz y para lanzar un producto. Como ejemplo, tenemos el beso de Madonna con Britney Spears en los premios MTV, acto dirigido a la audiencia masculina y con una calculada finalidad publicitaria.
Muchos dirán que una serie de televisión no tiene que ser real, ni representar a lesbianas, que ya se sabe que los productores de televisión son capaces de vender a su madre para obtener buenos números en el rating, pero, ¿debemos aceptar que sean ofensivos?, ¿se debe aceptar esta representación artificial y estereotipada de las mujeres y distorsionada de las lesbianas?, ¿éste es el precio que se tiene que pagar para salir de la invisibilidad?, ¿ésta es la manera de educar al público sobre los problemas reales que enfrentan las lesbianas?
Lo peor de todo es que el estereotipo de mujer presentado en esta serie, no se corresponde con el estereotipo que en general se tiene de las lesbianas. ¿Dónde están las marimachas? ¿Las camioneras? ¿Las fuertes? Son doblemente invisibles (si esto es posible), no tienen cabida en esta serie y la razón no se debe a que no encajan en el patrón dominante de feminidad, sino a que no pueden ser sexualizadas por los hombres heterosexuales.
No creo que se deba aceptar ningún producto que represente de manera unidimensional, estereotipada y mecánica a ningún tipo de mujer. Tampoco debemos aceptar que se nos siga encasillando dentro de los roles de género dominantes.
Si salir de la invisibilidad implica pasar por un proceso que convierta a las mujeres heterosexuales, bisexuales y lesbianas en bienes de consumo, es preferible que los grandes medios de comunicación nos sigan ignorando. Ya nos encargaremos nosotras de que nos vean.
1. A quien vimos en la película Flashdance
2. Citado por Winnie McCoy en su reseña de la serie que apareció en el New York Blade (31-10-2003)
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