domingo 18 de diciembre de 2011

Sonia Pierre: corazón guerrero


“En la República Dominicana los dominicanos de origen haitiano somos invisibles”
Sonia Pierre


Conocí a Sonia hace dos meses, en el acto de bienvenida que las organizadoras del VII Encuentro de Mujeres Líderes Iberoamericanas realizaron para recibir al diverso grupo de mujeres que veníamos de diferentes partes de nuestro continente.
Después del acto de bienvenida, estuvimos hablando durante algún rato sobre sus luchas, la situación de los migrantes haitianos en República Dominicana, la situación de las mujeres, Venezuela y, por supuesto, sobre Chávez. Inmediatamente nos sentimos conectadas y comenzó establecerse una relación más allá de las afinidades políticas.
En medio del potente tren de trabajo que teníamos en el VII Encuentro, comencé a familiarizarme con la intensa persecución y acoso a la que estaba siendo sometida por el Estado dominicano, experimentado por años de dictadura en golpear a mujeres como Sonia donde más les duele: sus hijos.
Sonia no pudo participar de manera permanente en las discusiones del programa de actividades, pues le afectaba la guerra que tenían los medios de comunicación en su contra y el acoso del Estado dominicano hacia sus hijos; de hecho, la situación llegó a tal punto que tuvo que irse antes de que finalizara el evento. Cuando nos despedimos, nunca imaginé que no la volvería a ver más. Esperaba que algún día viniera a Venezuela de visita, pues yo sabía que a pesar de todos los ofrecimientos no se quedaría. Sonia no era de las mujeres que huían, que evadían o que preferían claudicar ante el poder para adquirir una existencia cómoda. Ella no se iba a ir de República Dominicana, aunque nada hubiera sido más conveniente para el Estado y su política de represión y discriminación hacia la población haitiana. Quien conociera a Sonia sabía que no iba a abandonar su lucha, que no iba a abandonar a los niños, adolescentes, mujeres y hombres haitianos que viven como ciudadanos de tercera categoría -si esto es posible- en ese país.
Sus padres, como muchos haitianos, tuvieron que migrar a República Dominicana para trabajar como braceros en la industria del azúcar y para vivir una existencia marcada por la represión, el racismo, la pobreza y la ausencia de los derechos más fundamentales. Pasó, al igual que sus doce hermanos, su infancia en el batey donde su familia trabajaba. Experiencia que la impulsó, desde los 13 años, a luchar por los derechos de los braceros haitianos y de los dominicanos descendientes de haitianos, quienes para efectos del Estado eran (y son) prácticamente lo mismo.
Su espíritu combativo la llevó a fundar el Movimiento de Mujeres Dominicano-Haitianas (MUDHA), para enfrentar la postura racista del Estado de negar la nacionalidad a los descendientes de migrantes. Además, Sonia entendía que las mujeres experimentaban múltiples discriminaciones, incluída la de los propios hombres haitianos y dominicanos.
El Estado dominicano no le perdonaría ninguno de estos actos temerarios, ¿cómo era posible que una mujer negra, descendiente de braceros haitianos se atreviera a ser indócil y a no aceptar calladamente su sino? Su destino era vivir sin ser vista ni oída, ¿o acaso se olvidada que había nacido para ser esclava?
Las autoridades se encargarían de recordárselo constantemente; uno de los avisos más recientes fue enviado en el año 2007, cuando la Junta Electoral Dominicana anunció la anulación de su acta de nacimiento. Se materializaba en su persona la decisión del Estado de negarles su pasado y su existencia legal a los descendientes de migrantes haitianos.
Sonia era una mujer valiente, indoblegable, una de esas personas que sólo la muerte podía detener. El 4 de diciembre, la muerte se convirtió, una vez más, en aliada fugaz del Estado dominicano.
Pero tus perseguidores están muy equivocados si creen que acabaron contigo, Sonia. Ellos no llegaron a conocerte, tú vives en tus hijos, en las mujeres, en los hombres, en los niños haitianos y sobrevives en las personas que te conocimos. En cambio, los políticos, los policías y los burócratas mediocres que te hostigaron durante toda tu vida no te van a sobrevivir, ellos se convertirán, tarde o temprano, en seres invisibles.

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